Este espacio está destinado a un pensamiento, que con el tiempo, quiere dejar de pensar.

De momento es imposible...

Sólo intuyo (la intuición es el conocimiento verdadero) que al pintar, aparte de llenarme el olfato de

aguarras y aceite, hay unos minutos de conexión con lo desconocido, y sólo ahí, dejo de pensar.

Entonces el cuadro comienza a respirar y a vivir como un ser autónomo. Lo abandono.

La obra no pide pan pero crece y cambia, aún almacenado en la pila de cuadros.

Eso ocurre cuando tengo suerte y no me atribuyo ningún mérito personal, pues la obra, como la vida misma, decide por nosotros

su resultado y su destino.

Ante esta incapacidad para decidir sólo me queda rendirme a la "voluntad de la forma".

Cómo no pensar esto habiendo tantos filtros...